Contextualización

Muchas personas coincidimos hoy en que la forma de organización social establecida en la mayoría de territorios de este planeta nos aboca a crisis en todos los ámbitos de nuestra vida: nos separa de la toma de decisiones sociales y vitales, nos reduce a moneda de cambio como fuerza de trabajo, nos individualiza, nos separa y aniquila las formas de vida y los recursos de la Tierra.

Pensamos que esta destrucción, vacío interior y separación de aquello que podríamos llegar a ser no es sólo fruto de unos malos gobernantes o de unos capitalistas sin escrúpulos sino que es algo inherente a las dinámicas de este sistema, a través de las instituciones y de los valores de dominación que lo configuran.

La dominación es sumisión, ejercida mediante el poder, y se manifiesta de modo rotundo y visible a través del monopolio de la violencia física (genocidios, asesinatos, torturas, represión…, ejercida por las fuerzas represivas) y de manera más aceptada con otras formas de violencia estructural y control social: el trabajo asalariado, la propiedad privada, los medios de comunicación masivos, la publicidad, el asistencialismo…

Así pues, podemos constatar que la dominación y la concentración de poder aumentan cada vez más en la mayoría de territorios.

Focos de resistencia

La dominación intenta socavar la dignidad humana, que es en sí misma semilla de la resistencia y de la construcción de otros mundos. Comunidades originarias, pueblos indígenas, movimientos sociales y políticos autogestionarios y colectivos resistentes en cada rincón del planeta continúan su larga batalla para defender la tierra de la explotación, de la desarticulación de sus culturas y de la humillación de sus gentes. Tanto en el campo como en la ciudad, la dignidad nos dota de formas legítimas de autodefensa de los pueblos, de los valores humanos y de la propia humanidad.

Las movilizaciones se multiplican allí donde resiste la dignidad: la insumisión y la desobediencia refuerzan la no-colaboración con las estructuras dominantes (estados, instituciones y empresas).

Son focos de resistencia a la asimilación y plantan cara al poder. Son inteligencia colectiva en emulsión, creación y garantía de que otros mundos son necesarios y empiezan a hacerse realidad.

Hacia una Revolución Integral

Estos focos de resistencia lo son también de esperanza, ya que muestran la voluntad de no aceptar la barbarie actual. Aún así, tenemos que lamentar que muchos esfuerzos transformadores todavía se centren sólo en la resistencia y se basen en pedir reformas. Pensamos que para resistir y, sobretodo, superar el sistema actual, hace falta que nos autoconstruyamos como personas y comunidades y que construyamos una nueva sociedad.

Desde hace algunas décadas, y con la aceleración de los últimos años alimentada por la crisis sistémica que domina el panorama actual, distintos procesos de construcción social autogestionaria han ido naciendo y cogiendo fuerza como faros de realidad que iluminan las esperanzas de transformación integral de la sociedad.

Algunas de estas iniciativas están coordinadas entre si, pero en general encontramos que hay una gran desconexión y falta de trabajo común entre diversos movimientos afines. Al mismo tiempo, pensamos que muchas veces dejamos de lado la importancia de los trabajos de mejora personal y colectiva necesarios para conseguir los cambios que queremos. Pensamos que hay que trabajar para dotarnos de un marco común que nos permita remar juntas hacia una dirección común, de forma autónoma y descentralizada, y que nos permita construir, construirnos y a la vez resistir.

Un paso imprescindible para avanzar hacia esta confluencia, hacia este marco común, es crear espacios de encuentro donde deliberar, reflexionar y trabajar sobre las formas concretas de desarrollar esta revolución.

Como recientemente han expresado los zapatistas, es el tiempo del sí, el tiempo de encontrarnos los que:

«…hemos respondido “sí” a la pregunta “¿podría ser de otra manera?” Falta responder a las preguntas que se atropellan después de ese “sí“: ¿Cómo es esa otra manera, ese otro mundo, esa otra sociedad que imaginamos, que queremos, que necesitamos? ¿Qué hay que hacer? ¿Con quién?»

Decían también, que si tenemos respuestas a estas preguntas es el momento de compartirlas y como si hubiésemos estado esperando este momento, es ahora que los promotores y promotoras de este llamamiento estamos preparadas para empezar a facilitar que se compartan respuestas.

Así pues, por todas estas razones, os hacemos llegar esta llamada a hablar sobre ello, a encontrarnos y a construir un espacio internacional de confluencia que hemos llamado Bloque para la Revolución Integral.

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